Fábulas - 1

Escrito por crisalidas 01-03-2018 en Relatos eróticos. Comentarios (0)

El aire se ondula como las olas de un mar de humo en  calma.

Ella es el atardecer hundiéndose, la polilla que baila alrededor del fuego. Serena  y salvaje.

Avanzo despacio, no quiero interrumpir la escena. Ella se retuerce trágica en el escenario, su piel es un mapa de tierras inhóspitas que emergen de entre los pliegues y revelan tesoros insondables antes de desaparecer entre los volúmenes de sus dunas de carne. 

Ahora lo veo.

Y me aproximo con una cautela medida, es una isla en medio de este mar y su pelo es un faro que me guía a través de velos etéreos que se apartan a mi paso. La ceniza sucumbe al vértigo, el asombro a su belleza.

Respiro entre calada y calada.

Avanzo entre latido y latido.

Aparto el último velo, y mi rostro emerge de entre una bocanada espesa.

Entonces me detengo, a la espera. el tiempo la abraza como a un igual, sus movimientos son una coreografía exquisita que me embriaga. Se yergue sobre el metal como una majestuosa cobra .

- No te había visto antes por aquí- su voz es una emanación de miel

- Yo a  ti tampoco

Desde la barra, uno de los cerdos patalea penosamente hacia nosotros. Habla el alcohol y el cerdo fantasea con poder.

- E guapa,  ¿por qué no bailas un ratito para mi?

- Estoy ocupada

- Ya no

Sus manos asquerosas le ofrecen un fajo de billetes grasiento que acepta dócilmente. Me sumerjo en la oscuridad, es más sólida que nunca, casi táctil. Su mano me saca de ella. Me ofrece el fajo grasiento y encima de él un billete que huele a promesas y a mitos. 

Me guiña un ojo.

Me quita los billetes.

- Él ha pagado más, otra vez será

- ¿crees que puedes jugar conmigo puta?

El lobo saliva con mis dientes. Pero antes de lanzarme, un estruendo rompe el momento.

La cobra salta desde el fondo de la garganta del cervatillo y muerde el cuello del cerdo.

Su sangre me salpica, huele a hierro y a pólvora. Ella me mira mordiéndose el labio, nadie diría que unos brazos tan perfectos pudieran soportar el retroceso de una mágnum 45

Se abre como una flor, despacio, como el primer haz de luz en primavera; su sexo es una fuente que empapa 

de  de telas perfumadas, y de su muslo se resbala una gota lasciva.

De mi barbilla una lágrima carmesí de buenos modales.

Enciendo un cigarro, temblando ante tanta belleza.

Se lo paso.

El resto, como dicen, es historia.